LA PLAYA ES LA PLAYA

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Ayer fue un día intenso en la playa. Una mañana cargada de novedades en lo profesional, con proyectos nuevos y otras luces y otros sonidos, aunque hay que esperar un tiempo para ver si salen adelante o son flor de un día. 

Por la tarde nos visitó Arcadi Espada, que tenía conferencia en Oviedo. Comimos juntos, hablamos largo, muy largo pero no tendido y fue un placer disfrutar de su conversación, de sus conocimientos, de su experiencia, de sus consejos y de un goloso intercambio de opiniones. Estuvo realmente bien nuestro vis a vis en un Renault Clío. La playa estaba en su salsa porque Arcadi cuando quiere ser divertido lo es y a conciencia. Luego comimos con otro de los fundadores de Ciudadanos, uno más de los 15 firmantes del primer Manifiesto, del manifiesto del Taxidermista. Creo que es el único firmante vivo al que no conocía. No conocí a Trías ni a Vázquez Rial ya fallecidos. Ayer conocí a Ponç Puidevall y su esposa. PuigdeVALL es antagonista de PuigdeMONT desde el apellido, como se aprecia. Un conversador excelente y uno de los mejores críticos literarios españoles desde su columna de El País Cataluña. Lo sabe todo sobre todos los libros. Créanme, Fue un verdadero disfrute. Acabamos la sabrosa comida hablando a voces como en la adolescencia. Tan apasionados con algunos temas que piensas que si hablas más alto tendrás más razón. Y no suele ser así. Pero era divertido el ràpido fluir de la conversación que tuvimos. No me atrevía ni a ir al baño por miedo a perderme algo importante.
Luego, por la noche, la conferencia fue un éxito. Lleno total. El tiempo se quedó corto, la sala pequeña y la gente se lo pasó muy bien. Eso me han dicho esta mañana algunos amigos que asistieron. 
Pero la vida sigue. El paso de Arcadi me ha dejado un estimulante aroma que me ha hecho madrugar y ponerme a trabajar desde primera hora en los proyectos en marcha. Es lo bueno que tiene estar junto a ciertas personas, que te inactivan ese encéfalo de la vagancia con solo mirarte. Hoy es sábado y acabo de recordar que ayer acabé mi presentación de Arcadi citando a Evita Perón. Sigo madurando.








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Cuando nos despedíamos en la medianoche, Ponç, mientras liaba un pitillo con una tranquilidad inaudita en estos tiempos, recitó un poema  de Mário Cesariny que ahora no recuerdo pero que traeré aquí no tardando mucho. Mientras, Cesariny manda estos versos:

"Quería de tí un país de bondad y de bruma
Quería de tí el mar una rosa de espuma...."





DELIBERAR Y DEBATIR (hoy en La Nueva España)

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El diccionario de la RAE, define "deliberar" como "considerar atenta y detenidamente el pro y el contra de los motivos de una decisión, antes de adoptarla?". Y define "debatir" como "discutir un tema con opiniones diferentes. Luchar o combatir en defensa de los propios intereses". 
El debate es el que vemos a diario en el panorama político, en las tertulias televisivas o en los rifirrafes entre hinchas de distintos clubs de fútbol. Debatir implica intentar derrotar al adversario y quedarnos con la razón y los beneficios asociados. 
La deliberación, según el maestro deliberador, el psiquiatra y profesor Diego Gracia Guillén, es un método que se inicia en Aristóteles y que Diego Gracia ha aplicado con éxito en la toma de decisiones en bioética, en temas de tanto calado social como el aborto o la eutanasia. La resolución de la deliberación no implica vencedores ni vencidos, como el debate, ya que aquí ambos persiguen la mejor de las soluciones independientemente de quien las aporte. Así, una deliberación tiene poco que ver con el apasionamiento de los debates pero no deja fuera las creencias, los valores y las emociones, porque los seres humanos los incluimos siempre en nuestra toma de decisiones, pero se intenta someterlos a un proceso racional de análisis. Para el profesor Gracia, la deliberación puede aplicarse a cualquier problema práctico, no solo bioético. Hace una década que los filósofos Jürgen Habermas y Amy Guttman intentaron extender el método deliberativo a la filosofía política para intentar mejorar las imperfectas democracias que tenemos. Pero, a juicio de Diego Gracia, el ámbito político es uno de los que peores condiciones reúne para el método deliberativo. Esta afirmación tiene un gran mérito porque reconoce una insuficiencia del método que en el que lleva formando a cientos de alumnos en un plano socialmente hegemónico. Y no es nada fácil hablar así, con tanta claridad, desde ciertas alturas. Diego Gracia actualmente excluye con vehemencia la validez del método deliberativo en el ámbito político. "A deliberar hay que aprender" y "hace falta un psiquismo estable para la deliberación" son dos lemas que Diego Gracia repite con frecuencia. Tampoco la deliberación es un diálogo; al menos está lejos de esa pamema sentimentaloide del simple intercambio de opiniones como si fuesen fluidos y de que la sola bondad de nuestro interlocutor pueda ser un garante del proceso. La deliberación persigue un fin concreto: reconocer la incapacidad de encontrar una solución exacta para un problema y por ello, hay que elegir la mejor entre las posibles. Ejemplos clásicos de deliberación son la elaboración de la historia clínica de un enfermo construida en base a los datos aportados por varios especialistas y expuestos en un sesión clínica conjunta. O el desarrollo de un proceso judicial donde varios interlocutores persiguen, desde distintos prismas, una sentencia justa. 
La digitalización de la vida cotidiana se está llevando por delante cualquier amago de creatividad del individuo, cualquier intento de pensamiento autónomo y distante del rebaño social. El poder uniformizante de las redes sociales ejerce, bajo una pátina de libertad total, una soberana tiranía que empieza a generar individuos que cambian su autonomía por la placidez de un mundo donde todo estará presuntamente resuelto con solo quejarse. El corazón se ha comido a la razón. Y así están abandonando la adolescencia levas de nativos digitales con escasísimas habilidades para confrontar la realidad, para asumir tareas que conlleven sacrificio y esfuerzo. La digitalización, en su peor cara, trae consigo una dictadura con dictadores sin rostro ni nombre ni apellidos. La digitalización ha terminado con la escritura, con los aprendizajes laboriosos y con todo amago de deliberación o debate donde poder hacer patentes las discrepancias con el estado de las cosas. Todo se lo lleva por delante la corrosiva "cultura del consenso". 
Como una reacción ante la vaguedad de la cultura actual, del auge desaforado de las políticas identitarias, del sentimentalismo arraigado en ese neofascismo llamado "corrección política", el pasado 15 de noviembre se presentó en Madrid el Instituto Deliberar, un ambicioso proyecto que incluye una editorial, una revista digital ya en marcha y una serie de encuentros donde participarán figuras relevantes del panorama cultural español. De la presentación de Deliberar (www.deliberar.es) se encargaron sus cabezas rectoras, Enrique Baca Baldomero, catedrático de Psiquiatría y José Lázaro, profesor de Historia de la Medicina, que coordinan a un prestigioso grupo de colaboradores y asesores. En el acto de presentación madrileño intervino el periodista Arcadi Espada, que saludó la aparición de un proyecto de este calado ante lo que calificó como "la total destrucción del mundo cultural español, antaño tan vigoroso" que se ha producido durante la última década de nuestra historia concretada en su caso en la irrelevancia en que vive el periodismo. "Nos estamos jugando mucho con esta pérdida", afirmó citando a Walter Lipmann, uno de los grandes teóricos del periodismo, que afirmaba que no es posible una democracia sin periódicos y que el periodista es el insider que debe traducir al pueblo la complejidad de la política y de los hechos cotidianos para que, en base a ello, tome las oportunas decisiones. También intervino en el acto Nicolás Redondo Terreros, político socialista sobre quién tanta acusación injusta ha caído por mantener un criterio propio en un mundo tan encanallado como el que le ha tocado vivir. Redondo Terreros afirmó que una de las causas de la desaparición del panorama cultural español radicaba en la brutal irrupción de la vida política en todos los ámbitos de la vida social ahogando cualquier iniciativa que intente crecer al margen de ese control tan perverso como degradante. 
Ambos ponentes dieron diagnóstico y tratamiento para estos momentos de nuestra vida social donde la sinsustancia, el fraude y la confusión son la norma. El acto finalizó con un curioso y sofisticado "vals de estocadas" que señala la buena salud del proyecto que arranca. Recordó José Lázaro la idea de Freud de que la cultura crece sobre la renuncia a los instintos humanos más básicos y que, por ello, es más difícil pero más efectivo deliberar que debatir. La réplica de Espada fue inmediata contra esa distinción freudiana tan cuestionable entre naturaleza y cultura. El escritor barcelonés, que visitará el Club Prensa de este periódico en Oviedo el próximo viernes, recordó que la ciencia avala que nada hay más saludable para un sujeto que llevarse la razón tras un intenso debate. La suerte estaba echada. Surgía, ante un selecto auditorio, el primer tema para deliberar ¿O para el debate?

MIENTRAS DURE LA PLAYA TODO ES VIDA.

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Estos días de diciembre parece que estén ocultos en el calendario. En la playa, la vida discurre tan feliz en su ensimismamiento y en su rítmica monotonía que nunca te los esperas. Pero están ahí, esperando agazapados, poco antes que las Navidades se los lleven por delante hasta el invierno que viene. No son días normales, no,  porque cuando amanecen te sobresaltan con el poderío de sus nubarrones, con una lluvia recia y fría que te cala hasta el alma, con una penumbra tristona que te paraliza la alegría y con una niebla que te desorienta y te aturde aún más cuando despiertas entre sudores tras la siesta o a las tres de la mañana. La niebla siempre está al fondo del decorado, ocultando el porvenir que es el horizonte. Son los días más cortos y las noches más largas. El tiempo parece detenerse y el espacio parece recortarse. Las tardes desaparecen como la playa cuando la marea se sobresalta y se acerca al muro del paseo. Todo huele a un gris cobalto desnaturalizado pero es imposible rehuir el paseo cotidiano junto al Cantábrico. Así vamos soportando el paso de la angustia y la hipotimia y conservando, como decía Jung, la fe en la humanidad de quienes nos rodean, esa seguridad que nos da el comprender y ser comprendidos incluso en estas noches brumosas del alma. Mucho peor sería que no sintiéramos nada.




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Cada día que pasa tengo más claro que Carmen Martín Gaite ha sido la mejor escritora española del último siglo. Leo su "Correspondencia con Juan Benet", que es como escuchar a un matrimonio donde los cónyuges son como barcos camino del desguace. Irresistible belleza del tiempo decantado en tantas frases bellas, inmarchitables. Lo que más deseamos tal vez no sea a quien tenemos enfrente sino aquello que nos mantiene juntos. En el caso de estos dos escritores tenían un formidable amor común llamado Literatura.
Carmen Martín Gaite no tuvo una vida fácil. Le tocó enterrar dos hijos. Uno que murió de una encefalitis, con seis meses. Y luego, Marta, "La Torci", que se fue antes de cumplir los 30 años víctima de alguna inmunodeficiencia. Su matrimonio fracasado con Rafael Sánchez Ferlosio. En "Esperando el porvenir", hace un recuerdo tan tamizado como encendido de quien fue el guía de su juventud, Ignacio Aldecoa Isasi, a quién conoció en Salamanca cuando ambos tenían 18 años. Es muy emotivo el recuerdo de aquel primer invierno que pasaron juntos: "A los dos nos parecía una fiesta ver nevar. Desde la nieve soñábamos con el sol. En la primavera volveríamos a remar al Tormes". La vida luego les separó pero siguió manteniéndoles unidos. Es llamativa la fidelidad que algunas personas mantienen hacia otras superando todas las limitaciones humanas. Eso aparte, es muy difícil que un escritor deje traslucir, como hacía "Carmiña", sus verdaderos sentimientos. Todos saben lo peligrosos cuando se desatan así que mejor tenerlos a buen recaudo, bajo llave. Pese a todos los dolores por los que pasó yo recuerdo a CM Gaite por un grafitti de una pared encalada que un día vi en Granada:  "Mientras dure la vida todo es cuento, mientras dure la vida todo es vida", dejó escrito en alguna parte.

SOLO SON SOMBRAS, Hoy en La Nueva España

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El pasado 17 de Noviembre moría en una cárcel de Parma el capo mafioso Salvatore “Totó” Riina. Tenía 87 años y sufría un grave problema pulmonar. Llevaba en prisión 24 años. Del “clan de los corleoneses”, dirigió la Cosa Nostra desde los años ochenta. Su debut fue el asesinato del general Carlo Alberto Della Chiesa en 1982, que había sido enviado a Palermo para dirigir la lucha antimafia tras haber desarticulado las “Brigadas Rojas”. Y nunca reconoció ni se arrepintió de nada de lo que se le imputaba. A su muerte acumulaba 26 condenas a cadena perpetua. Se le relacionaba con más de 150 asesinatos, 40 de ellos cometidos por él mismo. Dice Nando Delle Chiesa, hijo del general asesinado: “su muerte nos alivia pero se lleva a la tumba claves que explicarían aquellos años y sobre todo, los nombres de los políticos implicados”.
Curiosamente, el declive de Totó Riina comenzó tras sus asesinatos más sonados. Esto lo cuenta Peter Robb en ese solvente e inmenso fresco que se titula “Medianoche en Sicilia” (1996). “Me decían que Palermo olía a jazmín proveniente de las hermosas mansiones Liberty edificadas por los ingleses en el siglo XIX. A los pocos meses descubrí que a lo que más olía Palermo era a muerto”, escribe Robb. La primera decisión de Riina que se volvió en su contra fue dinamitar la presunta conexión de la Cosa Nostra con la clase política. El 12 de Marzo de 1992 ordenó el asesinato de Salvo Lima, líder de la Democracia Cristiana y mano derecha de Andreotti en la isla. Lima era considerado el hombre la Cosa Nostra en Roma. Su asesinato dejaba bien claro que ni Maxiproceso AntiMafia, iniciado en 1986, ni órdenes políticas: la Cosa Nostra iría por libre y no perdonaba. Esto lo comprendieron los magistrados Giovanni Falcone y Paolo Borsellino que lideraban la lucha antimafia.









El sábado 23 de Mayo de 1992, Giovanni Falcone y su esposa, la magistrada Francesca Morvillo, se dirigían en secreto por carretera desde el aeropuerto de Palermo a la capital. Pese a la vigilancia policial un potente explosivo les reventó a ambos junto a varios escoltas. Borsellino llegó a Urgencias justo para ver morir a su amigo. Lloró. Y también lloraba su hija por lo que le oía decir a su padre: “Giovanni es mi escudo contra la Cosa Nostra. Lo matarán primero y después me matarán a mí”. El periodista Giorgio Bocca describió una imagen poderosa del funeral de Falcone: vió a Borsellino acercarse al ataúd, “con su toga negra y la camisa blanca bordada y me pareció bellísimo , como un antiguo caballero jurando fidelidad sobre su compañero caído”. La situación política se deterioraba. Borsellino trató de dar con los asesinos de Falcone. Pero no pudo ser. Solía pasar los domingos con sus amigos y por la tarde visitaba a su madre. El 19 de Julio de1992 acompañado de cinco escoltas iba a entrar en casa de su madre en el centro de Palermo. Cuando apretó el timbre, la explosión de un coche bomba le hizo pedazos a él y a todos los escoltas. Sobre las ruinas de aquella casa lloró Antonino Caponnetto, fundador de la Sección AntiMafia de la Magistratura de Palermo: “Todo se ha acabado, todo se ha acabado...” repetía. Pero no. Era todo lo contrario. Cuenta el periodista Bocca que tras los funerales de Falcone y Borsellino “volví a ver rostros de italianos honrados y valientes y muchos jóvenes donde antes solo veía máscaras grasientas de de un poder mediocre y corrupto”. La sociedad siciliana no transigió con las muertes de Falcone y Borsellino. Y surgieron ciudadanos que se enfrentaban al poder mafioso. De ellos da cuenta el periodista Vicent Chilet en un reciente artículo donde cita a Leticia Battaglia sin cuyas fotos aquellos años en los que en Palermo moría más gente que en Beirut serían incomprensibles; al periodista Dino Paternostro, al que le quemaron el periódico pero nunca se fue de Corleone; al locutor de radio Giovanni Impastato, primer corleonés asesinado por la Mafia por rebelarse contra su propia familia, cuya historia se narra en la película “Los cien pasos” (2000). Y varios héroes más que apostaron por cambiar aquel caos donde no era posible expresarse, ni esquivar la miseria, ni quitarse el miedo de encima. Tras ellos la sociedad siciliana logró que el Estado italiano ordenase el día a día en la isla y que fuesen los tribunales los únicos que dictasen sentencias. El influjo de la Mafia en la vida de la isla ha decrecido mucho pero no ha desaparecido. Pero ya no es la Sicilia de Robb.
Suele haber un ingrediente clave para explicar como ciertos individuos no se someten a un poder espurio y son capaces de reaccionar contra aquello que coarta sus libertades. Se trata de CORAJE.
Sobre el Coraje acaba de publicar un buen ensayo el psiquiatra italiano Paolo Crepet, preocupado por la sociedad que crece al calor de la digitalización. Crepet habla de “la República del like”. Y llama a pelear por conservar los valores humanos, los valores que nos diferencian de las máquinas. “En la República del Like, escribe Crepet, la rebelión es fundamental. No la rebelión iconoclástica que destruye todo por el hecho de hacerlo sino la capacidad de que cada uno decida usando su cabeza. La libertad digital ha aumentado el acceso a la cultura pero es una libertad limitada por instrumentos cada vez más homologantes. Se trata de aprovechar lo bueno del progreso y de luchar contra aquello que frene el talento, la creatividad y el coraje de expresarse.”
Crepet propone refundar el Coraje, “la mayor urgencia social en este tiempo”. Y va desgranando: el coraje para educar, para decir no, para reinventarse, para indignarse, para ser periodista, para convivir con el miedo, para enfrentarse a la realidad, etc...
Coraje para convivir con el miedo, sí, porque el Coraje sin miedo es propaganda. Decía Napoleón que no hay peor enemigo que “ el miedo de las tres de la mañana”, cuando la soledad y los temores crecen hasta que la alborada los diluye. Y entonces vemos que tras ellos no había nada. Que solo eran sombras construidas sobre inseguridades, odios, maldades o amenazas de quienes no permiten que nunca crezca nada.
Crepet llama a recuperar el valor de la escritura y espacios de debate que nos devuelvan la fuerza que da la vergüenza y la capacidad de resistencia
que la vida reclama: es imposible conocer la Felicidad sin saber qué es el Sufrimiento y por ello no es posible expulsar la Realidad en la Virtualidad. Y que parte del “cansancio de vivir” del burgués contemporáneo “arranca de preferir la irresponsabilidad de la ficción antes que la formidable belleza de la concreción”.
Decía San Agustín que “la esperanza tenía dos raíces: la rabia, para darse cuenta de los problemas y el coraje, para enfrentarse a ellos”. Solo el Coraje nos permitirá respetar el pasado, comprender el presente y construir el futuro.



PINKER Y PASOLINI ( Hoy en La Nueva España)

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El pasado día 23 de octubre la periodista Cayetana Álvarez de Toledo entrevistó para "El mundo" en Londres al psicólogo cognistivista Steven Pinker, canadiense, de origen quebequés y profesor en la Universidad de Harvard. Pinker, aunque mucho narciso-en-camiseta no lo sepa, es uno de los intelectuales de mayor prestigio mundial. Ha escrito textos tan afamados como "El instinto del lenguaje", "¿Cómo funciona la mente"?, el fundamental "La tabla rasa", el imprescindible "Los ángeles que llevamos dentro" donde muestra cómo los niveles de violencia en nuestra sociedad del siglo XXI han caído pese a las frecuentes noticias en contra. La periodista Álvarez de Toledo hizo una buena entrevista a Pinker en la habitación de su hotel londinense mientras el sabio buscaba un calcetín. Mientras en Londres diluviaba, la grabadora de la periodista acertó a recoger frases como: " a los progresistas no les importa el progreso", "hoy lo que define la percepción del mundo son los titulares y las anécdotas" o "hay una equiparación absurda entre el pesimismo y la sofisticación. Los pesimistas son considerados más serios y moralmente superiores. Un pesimista parece que quiere ayudarte; un optimista, venderte algo". Cierto que la naturaleza humana tiene un sesgo negativo porque somos muy sensibles a las pérdidas. Luego está la "ilusión cognitiva": las cosas malas suelen ocurrir de golpe: un atentado, por ejemplo. En cambio, las cosas buenas, como el aumento de la esperanza de vida, se producen lentamente. Todo esto se lo contaba Pinker a la periodista de "El mundo" en Londres horas antes de viajar a Bruselas para intervenir en el Parlamento Europeo en un debate sobre "inteligencia artificial" dentro del proyecto Euromind que organizan varios eurodiputados, entre ellos la española, Teresa Giménez. Esa misma noche el profesor de Harvard compartió una agradable velada en la vieja Bruselas con varios colegas e intelectuales españoles. Pinker es un hombre accesible, educadísimo y muy atento a todas las cuestiones que se le plantean. No deja una sola interpelación sin responder de forma prolija y documentada. Aquella noche aclaró que tal vez fuese cierto que las noticias pesimistas en la prensa también hiciesen mejorar el mundo al igual que las positivas, que es uno de sus intereses más vivos; también, demócrata convencido, contó que el populismo se había instalado en la presidencia de su país y que en su próximo libro tratará con profusión el peligro de los demagogos y de los populismos y nacionalismos. El libro se titulará "La ilustración hoy día: razón, ciencia, humanismo y el progreso" y sale en castellano en Navidades. Es hermoso que este mundo de eslóganes y lugares comunes acuñados por catetos y zoquetes alguien reivindique la ilustración como ejemplo a seguir para alcanzar un mundo mejor. 
Pinker no es un gran orador. Es un hombre templado, aquietado, ágil mentalmente y profundamente comprometido con su postulado de que es el conocimiento científico y no la ideología quien debe estructurar el progreso y el mundo. 





Un autor que es capaz de escribir "La tabla rasa" merece todos mis respetos. "La tabla rasa" (2002) es el más fiero y documentado escrito sobre la sociedad intelectual que surgió del mayo del 68 y que adoptó el camino fácil del "constructivismo social" para contarse el día a día antes que levantar una sociedad sólida basada en principios emanados del razonamiento y los postulados científicos. Pero el prestigio de muchos intelectuales está encamado con mantras ya insoportables, como el de que "la verdad no existe" u otros lemas tan sentimentales que se escuchan a menudo en estériles podémicas. ¡Cuántos hay que ni siquiera levantando los adoquines y viendo que no había playa han dado marcha atrás en sus posiciones! Pocas palabras han acabado siendo tan desastrosas para el progreso como aquella "utopía" que tantos quisieron tanto. Esperamos que el próximo trabajo de Pinker dé noticia de las pérdidas y el sufrimiento social causado por quienes han defendido el "modelo estándar social" bajo el que se cobijan los defensores de la "tabla rasa", del "fantasma en la máquina" o del "buen salvaje". O sea, idealistas, románticos y empiristas. El poder político que adquirieron ciertos intelectuales les hizo asimilarse rápidamente con los intereses de quienes les contrataban. Es lo que Julien Benda llamó "la traición de los clérigos", o sea, la traición de los intelectuales que al ideologizarse se olvidaron de que la primera de sus funciones es seguir buscando la Verdad aunque ello comprometa su ideología. Pinker también ha leído a Benda, según le contó a Álvarez de Toledo, mientras llovía a mares sobre la avenida? 
Pinker quiere recuperar ese tipo de intelectual, esa revolucionaria forma de pensar que surgió en el Siglo XVIII y que dinamizó la mayor parte de las mejoras sociales que disfrutamos hoy día. 
De vuelta a casa, el 19 de octubre, y tras haber disfrutado del debate de Pinker con Bentley, Metzinger y compañía, comencé a leer "Cartas corsarias" de Pasolini, un lujo de análisis sociológico y de integridad personal. A Pasolini lo mataron en 1975 mientras escribía "Petróleo", donde denunciaba los intereses de los magnates en la Italia de los 70. Tipos como Pasolini, Cristopher Hitchens, George Orwell, Cyril Connelly, Montanelli, etc. Benda estaría contento ante este rosario de clérigos que no traicionaron su oficio. Y me dio por comparar a Pasolini con Pinker. Hacía tiempo que vengo diciendo que necesitamos más Pasolinis, más intelectuales valientes y no políticos vanidosos, paranoides y oportunistas. 



Porque el mundo ya no se divide entre izquierdas y derechas; ese mundo bipolar se fue al guano tras la caída del muro de Berlín aunque muchos sigan soñando con San Ernesto de la Higuera o con revoluciones rojas. Allá ellos. El mundo ahora se divide entre reaccionarios o ilustrados. Entre defensores del progreso o quienes lo atacan: populistas, nacionalistas, identitaristas, etc. 
El intelectual del futuro habrá de hacer frente a mantras gravemente arraigados en el tejido social. Por eso necesitamos a pensadores con la entereza, la honradez y la capacidad oratoria de Pasolini y con la clarividencia y la sistematización científica del conocimiento de Steven Pinker, el hombre que hizo astillas una "tabla rasa" que durante décadas ha humillado al ser humano y limitado su desarrollo. Ya en casa, esa noche apenas pude conciliar el sueño tratando de dilucidar quién ha hecho más por sus contemporáneos ¿Pinker o Pasolini?

LA PLAYA ES UN ALLEGRO MAJESTUOSO

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Adoro estos domingos otoñales cuando entre las primeras luces de noviembre aún se adivinan los fuegos fatuos que escapan de los huesos de los difuntos y los santos, que dicen en mi tierra. Toda esta noche ráfagas de lluvia y aire han estado golpeando las ventanas. Me encanta escuchar el sonido del agua chocando contra los cristales en estas oscuras y largas madrugadas.  Estos momentos se llaman "hipnagógicos" porque son muy proclives a ensueños y a alucinaciones. Y esta noche he soñado que un ángel muy hermoso y sonriente me susurraba desde el cielo más alto y me llamaba. Y que luego se rompía la ventana de mi habitación y entraba y se acurrucaba en mi cama mientras me acariciaba la espalda y la vida. La lluvia y el sueño siempre se han llevado bien, dice Almudena Guzmán, delineante de curvas, tormentas y y nieblas otoñales. Yo creo que era la poesía que venía a buscarme. Así, al fin, supe que seguía viva y pude ver como el viento que llegaba a borbotones le alborotaba el pelo y se la llevaba. Y yo no quise despertarme hasta que pude dejar de respirarla. Y de imaginarla. La hipnapompia. 

Luego ha llovido casi todo el día lo que ha dado más encanto a todo el paisaje que se mueve, como diría Cela en su "Mazurca", entre un blando gris y un blando verde. Llueve sin parar, "sin prisa pero con una infinita paciencia", por seguir con la Mazurca.
El mar no da tregua. El horizonte es un ejército alborotado de olas rigurosas, brumas y espumas muy blancas. Al fondo, hasta donde alcanza mi mirada, el faro de San Juan sigue lanzando destellos anaranjados contra los tonos fieramente grises de las nubes tormentosas que pueblan el crepúsculo. Chopin, su concierto número uno y  las manos de Lang Lang en el piano. 








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Hoy, tras medio año de parón, sin querer he vuelto a correr. Media maratón de Avilés. Y pese al abandono y la falta de entrenamiento todo ha ido mejor que nunca. Alguien me contó hace unos cuantos días que el gran secreto de la vida está en respirar bien, en inspirar y espirar rítmica y ampliamente. Que con la respiración llega a la sangre el río de la vida. Pero no recuerdo quién me lo decía.



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El otoño es tiempo para el amor y para prohibir el olvido. Leo y escribo sobre los amores prohibidos de Carl Jung y Sabina Spielrein. Resulta curiosa la obsesión de la mujer judía enamorada por quedarse embarazada del psiquiatra ario, que fue lo que rompió el romance.  Freud prohibió taxativamente aprovecharse de este tipo de relaciones y obligó a sus fieles a conjugar juntas la abstinencia y la contratransferencia. Se lo creyeron casi todos. Menos Sandor Ferenzci que prefirió seguir curando y follando: decía que nada podía resolver más traumas infantiles que un psiquiatra enamorado de sus pacientes, o sea, una contratransferencia muy positiva. Pero al pobre Sandor sus colegas pronto lo declararon "desequilibrado" como al tolito del tango del Polaco Goyeneche, el que decía que fueron los locos quienes inventaron el amor. 
El cine ha explotado el filón del psiquiatra y la paciente que se hicieron amantes. En el año 2002, Roberto Faenza, hizo una película sobre los amores de Jung y Sabina. Basta el cartel anunciador para saber que le esponsorizó la película una marca de alfombras.






LA PLAYA EST ONDOYANTE

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"La vie est ondoyante", escribió Michel de Montaigne hace ya muchos años en su torre cercana a Burdeos. La frase le gustaba mucho a Josep Pla que la repitió escenificándola en la famosa entrevista que le hizo a fondo Joaquín Soler Serrano, siempre que aceptemos que lo que Soler Serrano hacía eran entrevistas y no hermosas selecciones de monólogos de grandes tipos.

La vida es ondulante, cambiante, un tobogán. Así también es la playa y así son los ánimos de los paseantes de esta playa en la que ahora empieza a amanecer. La realidad es cambiante, ondulante. Como es cambiante el espectador que la contempla mientras, bajo la espuma de los días, siempre hay agua, el mismo amor y la misma música desde hace millares de años. Pocas frases hay tan finísimamente contundentes contra la exclusión, la intolerancia, el populismo, la manipulación de las masas que ya explicó Gustave Le Bon. Lo tribal necesita un pensamiento muy simple, mágico, prelógico, pueril. Solo así es posible que en el siglo XXI emerjan delirios nacionalistas, ese disvalor, que según mi compañero Alfredo García sería "una estimación subjetiva que solo pertenece al individuo que lo tiene y que no formaría parte del depósito de valores, o sea, de la cultura". Mientras, una ligera bruma se despega de la piel del mar. Ondulando.



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Ayer tarde, Sabino Méndez en Avilés. Presentó "Literatura personal", su última novela. Sabino estuvo muy bien. Se ha convertido en un erudito. Todo lo que que dijo tenía su interés, su miga. Y como ha vivido mucho y muy intensamente tiene la posibilidad de apoyar gran parte de sus apreciaciones sobre la experiencia personal. Sobre la brutal sinceridad de su pasado, en algunos tramos. Devoto de Nabokov, Dennis Dutton, William James y otros. Pero a Sabino le definen más sus lejanías que sus filias. No es un mitómano. No es un despliegue de afectividad lo suyo. Pocos conferenciantes he visto tan neutros afectivamente.  Méndez está en esa exquisita madurez que da el haber leído mucho, el haberse formado bien y que le apasiona jugar con las palabras. Lean a Sabino Méndez. Ya es.






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Tendremos suerte porque, muy probablemente, ya no estamos a tiempo de nada. Y porque todo esto ya estaba escrito.